Durante años viví desconectada de mi propio cuerpo. Sonreía, cumplía con todo, mantenía la vida que se supone que debía tener. Pero por dentro había algo que no podía nombrar — una tensión constante, una inflamación que no cedía, una sensación de ser extraña en mi propia piel.
El proceso no fue lineal. Hubo días en que el cuerpo duele porque por fin se permite sentir. Hubo semanas en que la alimentación dejó de ser castigo y empezó a ser cuidado. Hubo mañanas en que la respiración me devolvió una versión mía que creía perdida.
Fue ese camino — lento, honesto, sin atajos — el que me dio las herramientas que hoy comparto. No soy médica ni entrenadora personal. Soy una mujer que aprendió a habitar su cuerpo, y decidió crear el programa que hubiera querido tener cuando más lo necesitaba.
Este programa de 12 semanas es ese camino — estructurado, compasivo, sin presión. Para que puedas volver a ser anfitriona de tu propio cuerpo, no su enemiga.